La obesidad no es un problema estético ni una cuestión de fuerza de voluntad. Es una enfermedad crónica y multifactorial reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa corporal que puede perjudicar la salud y aumentar significativamente el riesgo de otras enfermedades.
¿Cómo se define la obesidad?
Clínicamente, la obesidad se define por el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso en kilogramos por la altura en metros al cuadrado (kg/m²).
- Un IMC entre 25 y 29,9 indica sobrepeso.
- Un IMC de 30 o más se considera obesidad.
Aunque el IMC es una herramienta útil a nivel poblacional, no refleja por sí solo la composición corporal ni los riesgos individuales. Por eso, en la práctica médica, también se valoran otros factores como la distribución de grasa abdominal, el historial clínico y los análisis metabólicos.
¿Por qué es importante tratar la obesidad?
El aumento de la masa grasa no es inofensiva, y está lejos de ser solo una cuestión de peso. Se asocia a una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades graves como:
- Diabetes tipo 2
- Hipertensión arterial
- Enfermedades cardiovasculares
- Hígado graso (esteatosis hepática)
- Apnea del sueño
- Problemas articulares
- Ciertos tipos de cáncer (mama, colon, ovario, endometrio, entre otros)
Además del impacto físico, la obesidad conlleva consecuencias emocionales: baja autoestima, ansiedad, depresión, estigma social y discriminación.
Una epidemia mundial... y española
La obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas en todo el planeta. Según la OMS, el número de personas con obesidad se ha triplicado desde 1975. En 2023, se estimó que más de 1.000 millones de personas vivían con obesidad, incluyendo más de 150 millones de niños y adolescentes.
En España, la situación también es preocupante:
- El 23% de los adultos tiene obesidad y más del 60% presenta exceso de peso (sobrepeso u obesidad), según datos del Ministerio de Sanidad.
- En la población infantil, las cifras son igualmente alarmantes: casi un 40% de los niños y niñas entre 6 y 9 años tienen exceso de peso (Estudio ALADINO, AESAN).
Estas cifras reflejan un problema de salud pública urgente, que requiere intervenciones médicas, educativas, sociales y políticas.
¿Qué causa la obesidad?
La obesidad es el resultado de múltiples factores que interactúan:
- Desequilibrio energético: ingerir más calorías de las que se gastan.
- Factores genéticos y biológicos: algunas personas tienen mayor predisposición a acumular grasa.
- Estilo de vida: sedentarismo, alimentación ultraprocesada, estrés.
- Factores sociales y ambientales: disponibilidad de alimentos saludables, horarios laborales, entorno familiar.
- Factores psicológicos: comer emocional, ansiedad, depresión.
- Uso de ciertos medicamentos o enfermedades endocrinas.
- Desequilibrio energético: ingerir más calorías de las que se gastan.
No se trata solo de «comer menos y moverse más». Es una condición médica compleja que requiere un abordaje integral.
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¿Qué se puede hacer?
La buena noticia es que la obesidad es prevenible y tratable. Con un tratamiento médico-nutricional adecuado, muchas personas logran mejorar su peso, su salud y su calidad de vida.
Un enfoque eficaz incluye:
- Educación alimentaria individualizada.
- Actividad física adaptada.
- Apoyo psicológico.
- Evaluación médica continua.
- En los casos que sean necesarios, contamos con múltiples herramientas o tratamientos complementarios: desde el uso de fármacos hasta la cirugía bariátrica, pasando por los tratamientos endoscópicos mínimamente invasivos.
- Educación alimentaria individualizada.
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